Se usa para hablar de una levantada absurdamente temprano, de esas que ni los gallos han abierto un ojo y tú ya estás sufriendo. Es como un madrugón pero con extra de drama y queja incluida. Normalmente se suelta cuando toca trabajar, viajar o escapar de algún compromiso familiar pesado, y la verdad es que suena bastante cómico.
Se dice cuando te pegas un madrugón bestia, de esos que te levantas antes que el panadero y vas medio zombie. Vale para quejarte o para vacilar de que ya estás en pie a horas criminales. En Burgos encaja perfecto, que el frío te espabila a bofetadas. Y sí, suele venir con café y mala leche.
Se dice cuando te pegas un madrugón de los gordos, de esos que te levantas antes que el sol y vas medio zombi por la casa. Es el típico despertar por curro, viaje o porque te dio la vena, y luego te pasas la mañana con cara de no haber firmado esto. Duele, pero a veces toca.
Un madrugonazo es levantarte a una hora criminal, de esas en las que el cerebro todavía está arrancando y tú vas por la vida en piloto automático. Se usa para quejarse o vacilar de lo pronto que te ha tocado madrugar, ya sea por curro, viaje o porque te liaste. Duele, pero tiene su puntito épico.
Se dice cuando te pegas un madrugón bestia, de esos que te levantan antes de que salga el sol y te dejan con cara de zombie. No es tanto una emoción profunda como el golpe de sueño y pereza que te cae encima. Suele usarse en tono de queja o broma. Y sí, duele más que una resaca barata.
Se dice cuando te pegas un madrugón bestia, de esos de levantarte a horas criminales, antes de que amanezca y con el cerebro todavía en modo avión. Es el típico día que sales de casa y Madrid parece un decorado: persianas bajadas, cero gente y tú tirando de café como si fuera gasolina. Duele, pero pasa.