En Cusco se dice cuando por fin entra plata o comida y ya se puede poner algo en la olla, o sea, asegurar el almuerzo y la cena. Va de sobrevivir el día a día y de sacar la situación adelante con chamba e ingenio. No es lujo, es alivio, y cuando sale, se celebra bajito.
Se usa para hablar de conseguir la plata justa para comer y mantener a la familia, lo básico para que la olla no se quede vacía. Es muy de charla de barrio, de sobremesa moqueguana, cuando la gente comenta cómo va la chamba y las cuentas del mes. Suena humilde, real y con ese toque de preocupación diaria que todos entendemos.