En Monagas se le dice a alguien “lámpara” cuando está demasiado obvio, llamando la atención sin querer, o cuando intenta hacerse el discreto y le sale fatal. Es como decir que está delatándose solito, bien cantado. Se usa mucho para vacilar al pana que no sabe pasar piola ni un poquito.
En Ecuador se dice que algo está lámpara cuando es demasiado llamativo, medio ridículo o sospechosamente extravagante. Puede ser la pinta de alguien, una actitud o una situación que resalta tanto que ya roza lo raro. No siempre es insulto directo, pero sí es como decir que la cosa está pasada de show, y la verdad es que suena genial.
En Trujillo se dice que algo está lámpara cuando la situación está peligrosa, tensa o con mala vibra, como que puede pasar algo feo en cualquier momento. Se usa mucho hablando de barrios bravos, fiestas que se descontrolan o movidas turbias. Es como una alarma verbal para que abras bien los ojos y no te confíes.
En Yaracuy le dicen así a la persona metiche que siempre anda pendiente de todo, se mete donde no la llaman y encima quiere opinar de cualquier vaina. Es como tener un reflector humano alumbrándote la vida entera. No es precisamente un halago, pero da risa cuando lo sueltan con confianza.
En Áncash decirle a alguien lámpara es llamarlo figureti, alguien que siempre quiere brillar, presumir sus logros y estar en el centro de todo. Es el típico que no pierde chance de contar su hazaña por décima vez. No es un insulto mortal, pero sí un jalón de orejas con bastante sorna y un toque de burla cariñosa.