Se dice cuando algo te da una bronca tremenda y sentís que te sube el calor a la cabeza, como si la sangre te estuviera hirviendo. Es ese enojo que te pone al borde de largar un grito o mandar todo al carajo. En el Chaco, ni con un tereré bien helado se te pasa rápido.
"Se me hirvió la sangre cuando vi que el vecino otra vez cortó el pasto a las tres de la mañana y encima se hizo el boludo, ni el tereré me calmó."