Se dice cuando te toca un trabajo bien pesado, sucio o de los que nadie quiere, normalmente entre lodo, agua y calor, como si fueras pejelagarto metido en el pantano. Es una forma muy tabasqueña de quejarse con humor de la chinga que te aventaste. Y sí, acabas hecho un asco.
"Me mandaron a destapar la coladera con la lluvia y terminé todo embarrado. Pura chamba de los pejelagartos, ni modo, así toca en Tabasco."