En Tucumán le dicen así al pibe que come sin freno, el que cae a un asado o a un locro y no para de repetir. Siempre anda con el plato hasta el borde y con la excusa de que todavía le entra “un poquito más”. Es medio cargada, pero con cariño, y suele dar risa.
"En el cumple, el chango morfón ya se bajó tres platos de locro, le entró al pan como loco y encima pregunta si queda algo para repetir."