Se dice de alguien que encara un asunto serio como si estuviera en su casa, con una confianza desmedida y cero protocolo. Va sobrado, relajado y medio caradura, como si cerrar un trato fuera ponerse a cebar mates en el sillón. No siempre es insulto, a veces hasta da envidia, pero suele sonar a falta de respeto.
"Cayó a la reunión una hora tarde, sin saludar a nadie, y se puso a negociar como si nada, haciendo el negocio en chancletas, mate en mano y tirando chistes malos."