Se suelta cuando hace un calor brutal, de ese que te deja pegado a la silla y te derrite hasta las ganas de hablar. Muy de la Costa, cuando el sol está en modo castigo y todo el mundo anda buscando sombra, brisa o un ventilador prestado. No es literal, claro, pero a veces se siente bastante real.
"Parce, hace un calor infernal en Santa Marta, salí dos cuadras y ya ando sudando como si me hubieran metido al horno."