Se dice de alguien que está muy fuerte, bien mazado, como un armario empotrado. También vale para cosas que impresionan por tamaño, peso o presencia, en plan un bicho enorme o un cacharro que no hay quien mueva. Es bastante coloquial y suena a admiración con un puntito de vacile, que siempre entra bien.
Dícese del morlaco que se pasa tanto en el gym que parece un armario empotrado, ya sabes, cuadrado y almohadillado.