Se dice cuando alguien anda bien zafado, medio chiflado o con ocurrencias que no tienen freno. No siempre es insulto, a veces es puro cotorreo para señalar que alguien se está pasando de intenso o de fantasioso. En Chihuahua se suelta mucho para rematar un chisme o una historia increíble. Y sí, da risa.
Se dice de alguien que va pasadísimo, ya sea por alcohol, por otras sustancias o simplemente por la vida, y empieza a soltar movidas sin filtro. Puede ser que esté desorientado, eufórico o diciendo cosas que no hay quien se las crea. En Madrid suena muy de barra, de colega que se ha venido arriba. Y sí, da risa hasta que te toca cuidarlo.
En Sevilla se dice cuando alguien está loquísimo, fuera de sí o con una obsesión que ya roza lo absurdo. Vale tanto para el que va acelerado y no piensa como para el que se emperra con una tontería y no suelta el tema. Es muy de cachondeo, pero también puede llevar un puntito de regañina.
Se dice de alguien que está loquísimo, que va pasado de vueltas o que hace cosas sin pensarlas dos veces. No tiene por qué ser algo “de riesgo extremo”, más bien es que la persona está en su mundo y suelta ideas o decisiones que no hay quien las entienda. Muy malagueño y muy de cachondeo.
Se dice de alguien que está como una cabra, que va a su bola y suelta ideas o planes loquísimos. No tiene por qué ser malo, a veces es hasta admiración por lo creativo o lo temerario que es. Vamos, que el colega no está fino y aun así te monta un invento que funciona de milagro.