Se dice cuando alguien se queda agarrado a una idea, un plan o una manía y no hay manera de moverlo, como un pulpo pegado a la roca. Es una mezcla de cabezonería y comodidad, pero con sabor gallego, porque aquí el polbo manda. Vamos, que si te pones así, no te despega ni la marea.
"Déjalo ya, tía: le propusimos playa, fiesta y hasta pulpo a feira, pero Rafa está en modo polbo con el sofá y no lo sacas ni con grúa."