Se dice cuando alguien está demasiado dispuesto, regalado o con unas ganas que se le notan a kilómetros, sobre todo en plan ligoteo. Es como estar en su punto, blandito y listo para que pase algo. Puede sonar medio pícaro y un pelín burlón, porque implica cero disimulo. Y sí, la imagen es bastante gráfica.
"Mira a Juan con Carmen, ni se esconde. Está como una papaya madura, ya hasta la tía del kiosco se dio cuenta y se está riendo."