Se dice de alguien que anda acelerado, inquieto o con una energía rara, como si no se pudiera quedar quieto ni un segundo. Es esa vibra de estar ansioso, desesperado o con el genio alborotado, a veces sin razón. En Medellín suena chistoso porque el arequipe es puro antojo, y aquí el que no lo unta, se emberraca.
Dicho bien rolo para decir que alguien está torpe, lento o medio perdido, como cuando intentas untar arequipe y ni cuchillo tienes. Se usa para burlarse con cariño cuando alguien no da pie con bola en algo sencillo, tipo abrir una botella o seguir instrucciones básicas. Suena muy de casa y da risa.
Se dice de alguien que tiene con qué, pero no lo está aprovechando. Tiene talento, ideas o recursos, pero los deja ahí, como guardados, sin sacarle jugo. Es como tener el arequipe listo y no untarlo en nada. Da un poquito de rabia, porque sabes que si se pone las pilas, la rompe.
Se dice de alguien que va demasiado arreglado, perfumado y pulidito para el plan que es, como si se hubiera producido para una boda y solo era una vuelta cualquiera. La gracia está en el contraste: tanta pinta y tanto cuidado que parece que no se puede ni rozar, como si fuera algo delicado. Bien de parche y recocha.
Expresión muy de Caldas para decir que alguien está todo perdido, despistado o como en pausa, sin saber qué hacer ni para dónde coger. Es como tener el arequipe ahí listo para untar y uno ni reacciona. Se usa mucho cuando alguien anda ido, trasnochado o con la mente en otro planeta, y la verdad es que suena bien sabroso.