Se dice de alguien que anda medio loco, zafado o que está actuando rarísimo, como si se le hubiera botado un tornillo. En Durango se suelta para señalar que alguien está desvariando o tomando decisiones bien sin sentido. No siempre es insulto pesado, a veces va en plan carrilla entre compas.
"Ni le hables a ese vato, anda bien chisqueado: se puso a discutir con el poste porque según él lo estaba viendo feo, y hasta le pidió disculpas al final."