Frase bien mendocina para decir que alguien no sirve para nada en ese momento, que está totalmente al cuete y sin función útil. Se usa cuando la persona está de más, pintada al óleo, haciendo bulto nomás. Es una forma graciosa de remarcar que su presencia es tan inútil como una bocina en un avión, que no tendría sentido alguno.
Se usa para decir que estás al pedo, o sea, sin nada que hacer y medio al divino botón. La comparación con la bocina de un avión es el chiste: no sirve para nada, nadie la usa. Va perfecto para tardes eternas, laburos muertos o cuando estás tirado mirando el techo.