Se dice cuando estás en el borde de que pase algo, con la tensión a tope, como si la cosa estuviera a punto de explotar. Puede ser por emoción, nervios o peligro, y suele ir con esa sensación de estar pendiente de cualquier movimiento. Vamos, que estás con el corazón en la garganta esperando el desenlace.

"En la rumba se regó el chisme y quedamos todos al filo, pegados al celular, esperando a ver si aparecía el ex de Marta a armar el peo."

En Ecuador se dice cuando alguien está bien pilas, alerta y listo para lo que venga, sobre todo si la cosa se pone brava o hay que reaccionar rápido. Es como estar en modo supervivencia, con los sentidos prendidos y sin chance de dormirse. Suena intenso, pero sirve para motivar y meter presión.

"Ñaño, mañana subimos al Cotopaxi, así que quiero verte al filo, bien pilas y sin hacerte el dormido, que allá arriba el frío no perdona."

Se dice cuando alguien está medio dormido, cabeceando, a nada de quedarse frito, sobre todo en la chamba o en clase. Estás ahí, al borde entre seguir despierto y caer KO con la cara en el escritorio. No es que estés mal, es que te ganó el sueño. Y sí, da risa verlo desde afuera.

"Oe, Juanito, estás al filo otra vez en la chamba, tómate un cafecito ya o el jefe te va a despertar con la escoba y vas a terminar besando el piso."

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