Se dice cuando algo ha quedado impecable, bien rematado y en su punto, como recién estrenado. Vale para un coche, una casa, un peinado o hasta una mesa puesta. Es el típico comentario de pueblo cuando alguien se lo curra y lo deja niquelado. Vamos, que está para enseñarlo y presumir un poquito.
"Chacho, mira el coche después del manguerazo, está de pijo. Le falta la pegatina del concesionario y ya."