Frase usada para mostrarle a alguien su verdadera cara o intenciones, especialmente cuando se demuestra que alguien no es tan buena gente como parecía.
Se usa cuando alguien deja de aparentar y se le ve la verdadera cara, casi siempre para mal. Es ese momento incómodo donde se acaba la pose buena onda y sale el lado culero, interesado o envidioso. Básicamente, cuando se cae la máscara y dices ah, con que así eras de verdad, qué bonito detalle.