En Murcia se dice cuando te lías a charlar a gusto, sin prisa, con cotilleo, risas y el típico repaso a la vida del barrio. Es esa conversación que empieza con un “¿qué tal?” y acaba dos horas después hablando del primo del vecino. Vamos, un buen rato de palique murciano que se alarga más que una siesta de agosto.

"Íbamos a tomar un café rápido y, entre el salseo y las risas, nos pusimos a echar un capazo en la plaza y acabamos cenando tarde."

Pasarse un rato charlando animadamente, como si no hubiera mañana. Normalmente en la plaza del pueblo o mientras echas una partida de cartas.

"Ayer fui a comprar el pan y terminé echando un capazo con la Pepa... ¡Llegué a casa dos horas después!"

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