Se dice cuando alguien se pasa de halagador y no para de soltar piropos o cumplidos, como si fuera repartiendo ramos por la calle. Vamos, que está dando coba a lo bestia para caer bien, conseguir algo o quedar de lujo. Tiene ese puntito de cachondeo, porque se nota a la legua.
"El Javi le llevó un café al jefe y ya estaba echando más flores que un florista, que si qué crack, que si qué líder, y nosotros mirando en plan: ya está el pelota."