Frase que se utiliza para decir que estás haciendo que una situación ya caliente o tensa arda aún más. Como si no supieras cuándo parar.
Se usa cuando alguien mete más cizaña en un problema en vez de ayudar a calmarlo. Es como ver que todo está ardiendo y aun así seguir soplando para que prenda más. Aplica para el que chismea, el que provoca o el que suelta comentarios venenosos cuando todo el mundo ya está medio emberracado.