Se dice cuando alguien arma escándalo y se pone a dar la nota, ya sea cantando a pleno pulmón, hablando a gritos o montando un show que no venía a cuento. Vamos, que convierte cualquier reunión en su escenario personal y no deja a nadie en paz. Tiene ese punto de cachondeo, pero también de que te corta el rollo.
"En la fiesta, Susanita empezó a echar kikirikí con el karaoke a tope y gritando como si estuviera en un estadio, y al final nadie podía ni hablar ni bailar tranquilo."