Se usa para referirse a un niño, normalmente chiquito y medio travieso. Puede sonar cariñoso o burlón, según el tono y la confianza. Es de esas palabras bien mexicanas que pintan al chamaco inquieto que no se está quieto ni dos segundos. Si lo dices con amor, hasta da risa. Si no, pica tantito.
Así le dicen a los críos en Guerrero, esos morritos incansables que andan correteando por la calle, gritando, jugando y armando desmadrito todo el día. Es una forma muy cariñosa de hablar de los niños, aunque también implica que son traviesos y no paran nunca. Y la neta, casi siempre es verdad.