Se dice cuando alguien te compra el cuento o se traga tu floro, o sea, tu chamuyo, tu excusa o tu historia medio inflada. También vale para cuando te siguen la corriente y fingen creerte, por vacilar o por no discutir. En Cusco se oye bastante entre patas, y casi siempre huele a cuento barato.
"Le dije al profe que el perro se comió mi tarea y mi pata me miró y soltó: ya pues, no me chapés el floro, si estabas en la cancha."