En Triana se usa para decir que algo es cutre, de mala pinta o que está hecho a lo chapuza, sin gracia ni categoría.
En Gijón, Chano se usa como apodo muy de andar por casa para el típico paisano del barrio, el que se sabe la vida de todo el mundo y te suelta anécdotas como si fueran el telediario. No es insulto, más bien cariño con retranca. Si lo oyes, prepárate para un rato de charla.
Se le dice al amigo que siempre sale con un plan imposible o una excusa re falopa para no aparecer. El típico que te jura que va, te clava el visto y después te tira una historia surrealista como si nada. No es un nombre propio literal, es un apodo para ese personaje que ya es un meme del grupo.
Apodo en plan vacilón para ese colega que se viene arriba montando fiestas o planes supuestamente épicos, pero al final no aparece ni el tato. Lo usa la peña para pincharle un poco y recordarle que su convocatoria es flojita. No es insulto serio, más bien cachondeo entre amigos.
En Madrid, un chano es ese colega que se viene arriba y se inventa retos absurdos para hacerse el líder del grupo. Da igual si el plan es peligroso, cutre o da vergüenza ajena, él lo vende como si fuera una hazaña épica. Suele arrastrar a los demás a hacer el ridículo y encima se queda tan ancho. Y sí, cansa.