Apodo para el típico que se cuelga de los demás en los trabajos en grupo y no aporta ni medio lápiz. Está ahí, figura en la lista, pero a la hora de hacer pega desaparece mágicamente. Como chaleco malo que no abriga nada, solo estorba y da rabia. Y hay que decirlo, todos hemos tenido un chaleco en el curso.
En Tierra del Fuego se usa para hablar del viento helado que te pega tan fuerte que parece que llevas un chaleco, pero de puro frío. Es ese vientito traicionero que se te mete por todos lados y te deja tiritando aunque el sol engañe un poco. Básicamente, cuando el chaleco sale a pasear, sabes que cagaste de frío.
En Santa Cruz se le dice chaleco al típico sabelotodo que se mete en todo para dar consejos, corregirte o explicarte la vida como si tuviera un manual bajo el brazo. No importa el tema, siempre tiene un dato, una moraleja y una opinión. Puede caer simpático, pero cuando se pone intenso, dan ganas de cambiar de mesa.
En Iquitos le dicen chaleco a la policía, por los chalecos reflectantes que suelen llevar. Se usa como aviso rápido cuando los tombos andan cerca, rollo para que bajes el perfil, guardes lo que no conviene y no te metas en líos. Es jerga callejera, medio en clave, y funciona perfecto para pasar la voz sin levantar sospechas.