Expresión usada cuando alguien se queda callado y humilde después de haberse agrandado mucho o de haber metido la pata feo. Es como cuando el que se creía bacán queda en ridículo y ya no le queda otra que bajar el tonito. Suena tierna, pero igual es una pequeña pasada de cuenta, y hay que admitir que tiene su gracia.
Se dice cuando te conviene hacerte el loco y bajar el perfil: hablar poquito, no llamar la atención y fingir que no sabes nada para que no te caiga el regaño. Es como ir en modo sigiloso para evitar problemas o que te echen el muerto. Muy de Caracas cuando la cosa está caliente.