Se usa para hablar de montar una fiesta grande, ruidosa y bien desordenada, donde todo el mundo baila, bebe y se olvida de la hora. Es de esas reuniones que empiezan tranquilas y terminan con los vecinos asomados a las ventanas. Básicamente es organizar un fiestón legendario, de esos que luego se cuentan por capítulos.
En Venezuela se dice cuando estás montando un plan con bulla, música y gentío, o sea, una fiesta o un jolgorio bien prendido. También vale para cualquier alboroto organizado, tipo reunión improvisada que se te va de las manos. Es de esas frases que ya suenan a parlante reventado y a amanecer.