Se usa cuando alguien anda bien tronado de estrés, todo preocupado y medio desvelado, como si la vida lo estuviera exprimiendo. Es estar tan cargado de pendientes que ya ni disfrutas el café de la mañana. Básicamente, vas por la vida arrugado por dentro, como ciruela que ya casi se hace pasa.
Estar muy cansado o exhausto, como si te hubieran exprimido hasta la última gota de energía.