En Puno se usa achoriar para hablar de alguien que mira mucho, con curiosidad y con un punto de desconfianza, como si estuviera chequeando todo el movimiento. Es esa mirada de choro desconfiado, medio sapo, que no se pierde ni un detalle del barrio. A veces se usa en broma, pero también puede sonar a advertencia.
En Apurímac se usa para decir que alguien arma el alboroto: mete bulla, calienta el ambiente y pone a todos en modo fiesta. Puede ser por estar contento, por hacer chacota o por querer llamar la atención. Vamos, el que achoria no pasa piola y casi siempre termina contagiando a la gente.