En Cundinamarca se usa para hablar de alguien muy vivo, que siempre se las ingenia para salir ganando sin que casi nadie se dé cuenta. No es insulto, más bien un piropo a la malicia bien usada, como decir que la persona es estratégica y avispada. Y hay que admitir que a veces da hasta envidia ver cómo se salen con la suya.
En Caracas, decirle zorro a alguien es llamarlo vivo, avispado y con mucha maña para resolver cualquier lío. No es solo que sea inteligente, es que se las sabe todas y siempre tiene un truco guardado. A veces suena a halago, otras a advertencia, pero casi siempre lleva ese toque de picardía criolla que da risa.
En La Rioja, llamar a alguien zorro es decir que es listo, pícaro y que se las sabe todas. No va de tener cola ni vivir en el monte, va de espabilar y buscarse la vida, a veces con un puntito de caradura. Muy típico para el colega que siempre cae de pie y se lleva el premio sin despeinarse.