En Cuba se usa para referirse a los extranjeros, sobre todo a los estadounidenses, aunque a veces se le suelta a cualquiera que venga de fuera con pinta de turista. Suele llevar la idea de que el tipo viene con dólares, cámara al cuello y cero idea de cómo va la película en la isla. Y hay que admitir que la palabra tiene su flow.
En Cuba, yuma se usa para hablar de lo extranjero, sobre todo lo que viene de Estados Unidos. También vale para decir “el gringo” o “la gente de afuera”, y por extensión cualquier cosa importada que se vea moderna, rara o de otro nivel. Si algo es yuma, es porque no parece de aquí. Y sí, suena sabrosón.
En Cuba, yuma es como decir extranjero, sobre todo si es gringo o viene de Estados Unidos. Puede sonar neutro o medio en plan vacilón, según el tono y el contexto. Se usa mucho para hablar del turista, del que anda perdido con el acento o del que viene con dólares y cara de selfie.
En Málaga se le dice yuma al guiri, normalmente el turista despistado que va con cara de perdido y no se entera de la película. Suele usarse con cachondeo, no como insulto serio. Vamos, el que llega al súper en chanclas, compra lo básico y a los diez minutos vuelve porque se le olvidó algo de primero de vacaciones.
En Cuba, yuma es el extranjero, sobre todo el gringo o alguien de Estados Unidos. También se usa para hablar de La Yuma, o sea, EE. UU., y por extensión cualquier cosa muy de fuera. No es tanto el que sueña con irse, sino el de afuera. Y sí, tiene su puntito de vacile.
En Cuba, yuma es como decir extranjero, sobre todo si es gringo o viene de Estados Unidos. También se le suelta a un cubano que regresa de afuera y viene con aires, manías o costumbres de allá, como si ya no fuera de aquí. No es necesariamente insulto, pero puede llevar su puntico de choteo.
Se le dice a alguien que llega tarde a todo y se cree re descubridor. Te cae con algo “nuevo” que para el resto ya es viejísimo, como si estuviera encontrando América cada finde. Va con cariño y un toque de gastada, tipo: dale, maestro, eso ya lo vimos hace mil.
En Cuba se usa para hablar del extranjero típico, sobre todo del turista que viene con dólares, sandalias y cámara al cuello. A veces se refiere más a gente de Estados Unidos, pero en la calle se aplica a casi cualquier foráneo. No es insulto, es más bien una forma medio burlona y cariñosa a la vez, y hay que admitir que suena pegajosa.