Se le suelta a alguien cuando viene apurado, acelerado o con la ansiedad a mil, para bajarle un cambio. Es como decirle que se venga tranquilo, sin drama y sin correr, que no se está quemando nada. Suena medio en broma, medio en reto cariñoso, bien de conversación cotidiana.
"Juan venía corriendo como si lo persiguiera el diablo y mi tía le gritó: ven p'acá con viento fresco, si recién estamos prendiendo el fuego y el mate ni se ha cebado."