En Tierra del Fuego decirle trapo a alguien es tratarlo de flojo, sin ganas de hacer nada, como si fuera un trapo tirado que no se mueve ni aunque se caiga el mundo. Es una forma medio cargosa de decir vago, ideal para cuando el otro está colgado mirando el fuego y no colabora. Y hay que admitir que a veces describe perfecto la situación.

"Che, dejá de ser tan trapo y vení a ayudar a cortar la leña que se viene un viento que nos vuela hasta la carpa."

En Iquitos, un trapo no es un paño de limpiar, es esa camiseta o prenda favorita que te pones para salir a tonear con estilo. Puede estar medio vieja, pero tú la sientes poderosa, casi de buena suerte. Es la típica ropa que tus amigos ya se saben de memoria, pero tú la sigues defendiendo con orgullo amazónico.

"Oye Manuel, deja ese trapo con olor a río y ponte tu camiseta guayaba nueva, que hoy vamos a la fiesta en la maloca del barrio y no quiero que me hagas pasar roche."

En Huila, decirle trapo a una prenda es llamarla ropa viejita o de mala calidad, de esas que ya no dan pinta pero son tu consentida. Puede sonar despectivo, pero muchas veces va con cariño: es la camiseta gastada, el pantalón de batalla o la sudadera que no sueltas ni para dormir. Y sí, huele a recuerdos.

"Deje la bobada, mijo, que ese trapo es mi camiseta de la suerte: toda vieja, pero pa' dormir no la cambio por nada."

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