En Tierra del Fuego decirle trapo a alguien es tratarlo de flojo, sin ganas de hacer nada, como si fuera un trapo tirado que no se mueve ni aunque se caiga el mundo. Es una forma medio cargosa de decir vago, ideal para cuando el otro está colgado mirando el fuego y no colabora. Y hay que admitir que a veces describe perfecto la situación.
En Iquitos, un trapo no es un paño de limpiar, es esa camiseta o prenda favorita que te pones para salir a tonear con estilo. Puede estar medio vieja, pero tú la sientes poderosa, casi de buena suerte. Es la típica ropa que tus amigos ya se saben de memoria, pero tú la sigues defendiendo con orgullo amazónico.
En Huila, decirle trapo a una prenda es llamarla ropa viejita o de mala calidad, de esas que ya no dan pinta pero son tu consentida. Puede sonar despectivo, pero muchas veces va con cariño: es la camiseta gastada, el pantalón de batalla o la sudadera que no sueltas ni para dormir. Y sí, huele a recuerdos.