Se dice cuando amaneces con un dolor de cabeza brutal, de esos que te dejan viendo estrellitas. Suele ir pegado a una resaca, como si te hubieras bajado medio whisky del barrio anoche. Es una forma bien panameña de exagerar el malestar y quejarse con humor, porque sufrir, se sufre, pero vacilando.
"Chuzo, después de la rumba en casa de Juanito amanecí con un wiskaso que no me lo quita ni un café negro ni una sopa de pata."