Se le dice a alguien que es súper tacaño, de esos que les duele el alma soltar un bolívar y siempre andan calculando hasta el último céntimo. No es que sea malo, es que es agarrado nivel leyenda: si pudiera, le pondría candado a la harina PAN y contaría las galletas una por una. Y sí, da risa de lo descarado.
Se dice de alguien súper tacaño, de los que cuentan las monedas como si fueran lingotes y siempre intentan escaquearse de pagar. No es que ahorre, es que le duele el bolsillo hasta para lo básico. En Cataluña se oye mucho para el colega que nunca pone bote y encima pide ticket para dividirlo al céntimo.