Se dice cuando alguien se pone a contar una historia y la va inflando con detalles inventados o exagerados para que suene más épica. Vamos, que adorna tanto que ya no sabes si habla de un pez o de un tiburón. Se usa para bajarle los humos al cuentero sin ponerse pesado.
"Ya pues, Pedro, cuenta normalito, no la pongas pone otra vez que según tú ese pececito te jaló la lancha entera."