Dicho bien de Bolívar para vacilar a alguien que hace las cosas con una parsimonia eterna, como si estuviera pintando una cachama con pincelito y sin apuro. Se suelta cuando alguien se tarda demasiado en una vaina sencilla o se queda pegado. No siempre es mala leche, pero sí es un jalón de orejas sabroso.
"Chamo, apúrate con ese informe, vale. Desde ayer estás ahí y nada. Deja de pintar la cachama y manda eso de una vez, que el jefe ya está ladillado."