Se dice cuando te clavás una siesta de las bravas, de esas que caen después de un asado con la panza explotada y unos mates encima. Es un sueño pesado, largo y sagrado, tipo que no te levanta ni el timbre, ni el perro, ni el vecino con chusmerío. Si te pasa, ya está, fuiste.
"Che, después del asado y los mates me pegué una siesta entrerriana y me desperté cuando ya estaban levantando la mesa, ni me enteré del partido."