Frase usada cuando alguien se hace un drama digno de telenovela mexicana por una trivialidad. Como si anunciaran el fin del mundo porque se acabó la salsa en los tacos.
Se dice cuando alguien arma un escándalo o se indigna a lo grande por algo que, en realidad, no era para tanto. Vamos, que pasa de cero a cien en dos segundos y te hace un drama de novela por una pavada. Muy útil para describir a la tía que se ofende hasta por un meme.