Se dice en tono de talla cuando en una junta o carrete te pasas de copas y cruzas ese punto de no retorno. Ya no estás alegre nomás, estás medio doblado y haciendo cualquier cosa, pero con humor. Sirve para admitirlo sin drama, como diciendo: ya fue, me embalé y listo.
Se usa en Norte de Santander para hablar de cruzar la frontera hacia Venezuela, casi siempre por los puentes internacionales, para comprar más barato, echar gasolina, comer algo distinto y armar plan. No es solo ir de compras, es toda la aventura fronteriza con los panas, con chisme, risas y a veces hasta drama migratorio incluido.
Se usa en Aysén para hablar de aguantar el chaparrón y arreglárselas cuando todo se pone cuesta arriba, sobre todo en invierno con nieve, viento y cero comodidades. Es como decir que uno se las ingenia para sobrevivir a la mala racha hasta que pase lo peor. Y hay que admitir que tiene su mérito hacerlo en plena Patagonia.