Apodo medio pícaro que se usa en Misiones para hablar de una señora rellenita, de esas que siempre tienen la olla al fuego y la mesa lista. Suele ser la vecina o la tía que cocina brutal y te recibe con comida casera. Es cariñoso, aunque tiene su punto de chiste con el tema de los kilos de más.
Interjección bien paraguaya, tomada del guaraní, que suelta la gente cuando algo le sorprende, le asusta o le deja en shock. Viene a ser un ¡Dios mío! o un ¡Madre mía!, pero con ese sabor local que te sale sin pensar. Se usa mucho en el habla cotidiana, sobre todo cuando te pasás de impresión.