Forma muy común y medio burlona de referirse a un chavo joven, casi siempre cuando se le nota lo inmaduro o lo inocente. Se usa entre familia, compas o mayores hablando de los más chicos, a veces con cariño y a veces para bajarle tantito el ego. Es como recordarle que todavía está verde, aunque le duela tantito la verdad.
Palabra bien michoacana para hablar de un niño, casi siempre chamaco inquieto que no para de hacer travesuras con los cuates en la cuadra. Suena cariñoso, pero también deja claro que el morrillo trae pila para rato y que más de uno ya está pensando en regañarlo, aunque en el fondo les dé risa.