Se dice cuando montas un jaleo de los buenos, normalmente con música, voces y cachondeo, y acabas haciendo más ruido del que deberías. Vamos, que la casa parece una verbena y los vecinos ya están mirando el móvil para llamar al portero o a la poli. Muy de lío casero y cero discreción.
"Ayer montamos un ruidero en el piso que el del tercero subió en bata a pedir tregua y mi colega seguía con el altavoz a tope y palmas como si fuera feria."