En Cusco se usa para hablar del pata que es la mala influencia del grupo, el que siempre prende la mecha y te empuja a hacer huevadas que luego te arrepientes. Es ese amigo que nunca dice que no a un plan loco y que encima te convence de seguirle el ritmo. Peligroso pero bien divertido, hay que admitirlo.
En Madrid se usa para hablar de un montón de gente junta, apelotonada, como un bloque humano que lo ocupa todo. Puede sonar un poco despersonalizado, como si fueran solo bulto, pero también transmite fuerza colectiva y ambiente de jaleo. Vamos, que cuando hay masa sabes que aquello está petado y que algo gordo se cuece.
Forma bien coloquial de llamar al grupo de amigos o a la mancha con la que siempre sales a tonear, vacilar y armar la jarana. Es como decir tu combo de confianza, esos que caen a todo plan sin pensarlo mucho. Suena cercano, callejero y tiene ese saborcito de barrio que siempre anima cualquier reunión.
Expresión típica de Anzoátegui para marcar asombro, sorpresa o hasta molestia cuando algo es demasiado. Se alarga la primera sílaba y casi que se traba la lengua al decirlo, pero justo ahí está la gracia. Sirve para exagerar cualquier situación, buena o mala, y soltar el comentario con sabor bien oriental.