Se dice cuando alguien recibe una verdad bien directa, sin maquillaje ni cuentos. Es como que le cantaron las cosas claritas, tal cual son, y le tocó tragársela aunque pique. Suele usarse cuando la sinceridad cae como un balde de agua fría. Duele, sí, pero a veces hacía falta.
"Le dije a Carla que el arroz le quedó como engrudo y se llevó la pura verdad. Se picó feísimo y casi me tira la olla, pero bueno, alguien tenía que decirlo."