Se dice cuando alguien llega tarde, normalmente media hora o más, pero lo suelta con toda la calma como si fuera lo más normal del mundo. Es una forma medio en broma de justificar la impuntualidad típica del lugar, como si hubiera un horario paralelo. Y sí, tiene su encanto, pero desespera.
"Oe, ya son las ocho y recién apareces con tu emoliente. Tranquilo, causa, es que estoy llegando a la hora trujillana, ¿ya?"