Expresión muy castiza para decir que alguien ha montado un follón importante, ha complicado algo sencillo o ha provocado un pequeño desastre que se va de madre. Se usa cuando una situación normal acaba convertida en culebrón por culpa de alguien que se viene arriba. Y hay que admitir que, bien usada, tiene bastante gracia.
Se dice cuando alguien monta un follón gordísimo, la típica situación que se va de las manos y acaba en drama, risas o bronca. Puede ser aposta o por torpeza, pero el resultado es el mismo: caos del bueno. Es bastante común por toda España, no solo en una zona concreta. Y sí, suele venir con resaca moral.
Se dice cuando alguien monta un follón gordo o mete la pata a lo grande y acaba dejando un desastre o un drama alrededor. Puede ser sin querer, por torpeza, o a propósito por ir de loco. Es muy de soltarlo entre risas cuando la situación se desmadra y ya no hay vuelta atrás.
Se usa cuando alguien monta un follón enorme, provoca un desastre serio o arma un caos que nadie veía venir. Puede ser desde romper algo importante hasta desencadenar un drama monumental en una fiesta. A veces se dice medio en broma, pero suele implicar que la cosa se ha ido bastante de las manos, y tiene su gracia escucharlo.