En Áncash se usa para decir que alguien quedó sin salida, que la cagó feo o que ya no tiene cómo zafarse del problema. Es como aceptar la desgracia con resignación y un poco de humor negro. Suena fuerte, pero entre patas se suelta bastante, sobre todo cuando ya no queda más que reírse.
Formalmente significa fastidiarse o aguantarse algo sin poder cambiar la situación. En Mérida se usa cuando alguien metió la pata, perdió la oportunidad o simplemente le tocó aceptar la realidad sin chistar. Es como decir que ya no hay vuelta atrás y que toca apechugar, aunque duela. Y sí, suena fuerte, pero también tiene su gracia.