En el norte de México, y bien típico en Chihuahua, jalar es irse a trabajar o estar chambeando. También puede ser “funcionar” o “tirar” algo, pero en la calle casi siempre es lo de la chamba. Suena directo y medio rudo, como de levantarte temprano y darle sin quejarte mucho.
En Costa Rica jalar no es halar una cuerda, es meterse en el mundo del ligue. Se usa para hablar de coquetear fuerte con alguien o directamente andar de novios. Si alguien está jalando con otra persona, es que ya hay algo serio o casi serio. Es de esas palabras ticas que confunden a los extranjeros y por eso tiene su encanto.
En Lima se usa jalar para decir que alguien reprobó un curso o un examen, sobre todo en cole, academia o universidad. Es como que el profe te manda directo a repetir porque no diste la talla. Suena fuerte, pero ya es parte del folclore estudiantil limeño y hasta da risa cuando todos están igual de jalados.
En Loreto, jalar es como raptar a alguien pero en versión fiestera y medio sobrenatural. Es cuando en plena jarana, entre chelas, humo y cumbia, alguien desaparece porque otro lo jaló para seguir la noche en otro lado. A veces es para irse a otra fiesta, a veces para el after, y a veces ni el jalado sabe cómo acabó ahí.